El 26 Febrero de 1973 se produce un incendio en la capilla de la hermandad de El Cachorro, se quema la imagen de Ntra. Sra. del Patrocinio y la imagen del Cristo de la Expiración se ve afectada por los pies y piernas. Alguien entra en la capilla en llamas y salva todo lo que puede, entre todo la imagen de el Cachorro, aunque los hermanos Cruz Solís tuvieron que restaurarla, ya que los pies y piernas del Señor se vieron afectados por el fuego.

Paralelamente en el cementerio de Sevilla, en el interior del panteón de un afamado arquitecto sevillano, existe una copia del Cristo del “Cachorro” que, aunque demacrada por la humedad, las temperaturas y la falta de luz, se asemeja sorprendentemente.

Aquí aparece la leyenda: Se empezó a especular sobre la talla del cristo y corrió como la pólvora el rumor que cuenta que con la acción del fuego sobre la escultura, ésta tuvo tantos desperfectos que hubo que “quitarla de en medio” y hacer una copia exacta pero sin que la gente se percatara. La misma interpretación dice que la hermandad decidió llevar la imagen damnificada al panteón de tan célebre hermano.
La versión contrapuesta la cuentan los familiares del arquitecto, que manifiestan que es una reproducción muy fiel al original, pero que no es el verdadero Cachorro.
Lo cierto es que a partir del incendio, la leyenda se popularizó y el panteón del arquitecto hispalense se convirtió en lugar de peregrinación de miles de curiosos, para comprobar la autenticidad del cristo que expira en el cementerio de San Fernando de Sevilla. Hoy en día cuando realizamos la “ruta del cementerio” aún puede verse a muchas personas visitando a sus antepasados y decir aquello de “Vamos a ver al Cachorro primero”
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